Por repartida que vayas
entera siempre estarás.
Aun dándote de mil modos
no te fragmentas jamás
—Luis Palés Matos
Margarita Pintado Burgos
En mi vecindario en San Diego hay un carro amarillo cubierto de pegatinas referentes a mi país, como la bandera, el coquí taíno, la palabra BORIQUÉN, que es como se llamaba la isla antes de la colonización española, y la palabra-marca local PLAYERO sobre el dibujo del mapa. Llevo casi dos años viviendo en esta zona y el carrito, que es uno de esos beetles clásicos, no se ha movido. Siempre que paso por su lado lo acaricio como si fuera un animalito lastimado.
Me gusta su irremediable lealtad de objeto varado, su habitual alegría amarilla levemente sepultada por el polvo, el polen, el excremento de los pájaros, el rocío, la arena del mar y del desierto, que aquí se juntan para ser la misma cosa. A veces le quito algunas de las hojas, florecitas azules y ramitas que le caen en la capota. Quiero que sepa que no está solo.
No sé quién sea su dueño, cómo llegó hasta aquí, si está muerto o sólo en pausa, esperando a que alguien decida resucitarlo o desmantelarlo para venderlo por partes. Ante esta posibilidad, recuerdo unos versos de Luis Palés Matos. No hay que ser psicoanalista para saber qué está pasando en este poema. En todo caso, adapto los versos del bardo boricua y se los dedico a mi súbito compatriota, que yo imagino siempre esperando mi visita: “Por repartido que vayas, entero siempre estarás. Aun dándote de mil modos, no te fragmentas jamás”.
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LO QUE ME RECHAZA
Lo que me rechaza se confunde
con lo que me recibe. Pienso en los lugares
a donde no llegué, pero acaso me sigan
esperando. ¿Me invocan, me llaman,
me sueñan? Entonces me irrito. Todo
me irrita. Me siento desmotivada. Puede
que sean las hormonas, me digo, mientras
acepto que todo, estos días, me cuesta.
Les explico a mis amigos que atravieso
una crisis, pero me la niegan. Dicen
que me ven muy lúcida, muy centrada,
brillante y liviana. Eso dicen mientras
esquivan mi mirada.
Me da un viento y me siento transparente.
Se me sale una luz, me dice una amiga,
“es opaca”, especifica, “pero luz es LUZ”.
Llego a casa y mami dice que me ve mejor
que la última vez que me vio. También dice
que parezco que floto. La entiendo, pero
me hago la que no. Es más fácil. Me gusta
ser la que no entiende. Me he acostumbrado
a no entender. Siento que se me da bien
andar perdida.
Otra vez me asalta la certeza de haber sido
muy mediocre. Me miro en el espejo y pienso
que todo lo bueno que tengo no me pertenece.

Margarita Pintado Burgos es autora de los poemarios Ficción de venado (2012; 2024), Una muchacha que se parece a mí (2016; 2024), ganador del premio del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Proyecto inacabado de la ruina (2017), Simultánea, la marea (2022) y Ojo en Celo/ Eye in Heat (2024), ganador del Premio Ambroggio otorgado por The Academy of American Poets. En el 2022 recibió la beca Letras Boricuas, de la fundación Mellon. Pintado Burgos obtuvo su doctorado en español en la universidad de Emory y es profesora de lengua, literatura y escritura creativa en San Diego, California.
