Revista trimestral sobre Puerto Rico y Estados Unidos: análisis, opinión, crónicas e investigación


Un silencio que pesa: la ausencia del Caribe ante las amenazas sobre Cuba

Jacqueline Laguardia Martínez

 

 

El Caribe[1] ante el regreso de Donald Trump

La reelección de Donald Trump, sustentada en su agenda de “América Primero”, significó un renovado compromiso desde Washington con el unilateralismo y las sanciones como mecanismos centrales para recuperar el liderazgo global de Estados Unidos. Para Cuba, este escenario anunciaba el retorno a una dinámica bilateral tensa, previsión que se materializó en las primeras horas de su segundo mandato, cuando Trump revocó el Memorando Presidencial del 14 de enero de 2025, que —aprobado de manera tardía por Biden— proponía eliminar la designación de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo.

La hostilidad hacia La Habana se mantuvo durante todo ese primer año, si bien no fue la nación caribeña el foco de atención de la política exterior estadounidense. Asuntos de mayor calibre acapararon el interés del presidente, enfrascado en terminar guerras, reducir responsabilidades en el ámbito multilateral y con sus aliados, y en derrotar a China en la batalla económica. Sin embargo, poca atención no significa que no se reforzaran las acciones para aislar a Cuba y profundizar la crisis económica que vive la isla, agravada por la pandemia de COVID-19. Ejemplo de lo anterior fue la inclusión de Cuba en mayo de 2025 en una segunda lista de sancionados, en esta ocasión, la que penaliza a los Estados que no cooperan contra el terrorismo.

La campaña contra Cuba ha sido impulsada con entusiasmo por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien también es asesor de Seguridad Nacional, lo que lo convierte en el segundo político en el sistema estadounidense en ostentar ambos cargos simultáneamente, después de Henry Kissinger. Nacido en Estados Unidos de padres cubanos que emigraron en 1956, Rubio construyó su carrera política desde la Florida, con posiciones contrarias al gobierno revolucionario. En sus dos visitas oficiales a varios países de América Central y el Caribe en el primer semestre de 2025, Rubio se reunió con varios jefes de gobierno con quienes abordó temas de interés para Washington, como la contención de China, el enfrentamiento al crimen transnacional, la migración, la energía, entre otros. Como parte de su agenda, Rubio insistió en caracterizar los programas de cooperación médica internacional de Cuba como esquemas de trabajo forzado. Esta narrativa buscaba persuadir a los países caribeños participantes para que abandonaran estos acuerdos bajo el pretexto de evitar complicidad en presuntas violaciones de derechos humanos.

Tales acusaciones no fueron bien recibidas en los Estados Miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM) con los que Cuba mantiene una rica historia de cooperación Sur-Sur iniciada con el establecimiento de vínculos diplomáticos en 1972 cuando, en franco desafío a la política estadounidense, Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago decidieron establecer relaciones con la Mayor de las Antillas. No solo Cuba mantiene relaciones diplomáticas con los 14 Estados Independientes de la CARICOM, sino que tiene representaciones diplomáticas en cada uno de esos países los que, a su vez, mantienen Embajadas en La Habana.

Los vínculos con el bloque regional se han consolidado gracias a la celebración de las cumbres Cuba-CARICOM cuya primera edición ocurrió en 2002. Estas reuniones tienen frecuencia trienal con excepción de su octava edición que fuera adelantada a diciembre de 2022 para conmemorar el cincuenta aniversario del establecimiento de las relaciones[2]. En la cita se reconocieron los logros de la cooperación en los sectores de salud, educación, deporte, formación profesional, gestión de riesgos de desastres y enfrentamiento al cambio climático, entre otras esferas. Cifras de 2024 daban cuenta que un total de 14 542 cooperantes de la salud habían prestado servicios en 21 territorios caribeños, incluyendo a todos los Estados miembros de la CARICOM. En las universidades cubanas se habían graduado más de 3 mil profesionales de la salud del Caribe (Cubadebate, 2024).

Los avances reportados en la cooperación contrastan con el escaso desarrollo de los intercambios comerciales. A pesar de la firma del Acuerdo de Cooperación Comercial y Económica entre Cuba y CARICOM en el año 2000, de su actualización en 2006 y de la decisión adoptada por ambas partes en 2017 de beneficiar bienes procedentes de la CARICOM para su entrada libres de aranceles en Cuba, las relaciones comerciales no han despegado. Son varias las razones que explican estos resultados, asociadas a historias coloniales diferentes, a la condición de pequeñas islas con economías abiertas que enfrentan obstáculos para la diversificación económica, y a la naturaleza de sus vínculos con los Estados Unidos.

En el ámbito diplomático sobresale la consistencia de los países caribeños en su solidaridad con Cuba al apoyar la resolución que cada año presenta la Mayor de las Antillas ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para denunciar el bloqueo impuesto por Estados Unidos. Por su parte, Cuba ha ejercido como interlocutor valioso en las relaciones del Caribe con América Latina. Ejemplo de lo anterior fue el impulso dado por Cuba en el marco de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para transformar la troika en cuarteto de manera que, además de estar constituida por los países que detentan la presidencia anterior, actual y futura de la CELAC, se sumase a la mesa un representante de la CARICOM. Esta decisión fue adoptada en 2014 durante la Presidencia Pro Tempore de Cuba al frente del mecanismo regional.

El saldo positivo que resulta de los lazos Cuba-CARICOM pareciera inclinado a mutar de signo ante la escalada estadounidense respaldada por la visión donroísta de la Administración Trump, que ha cobrado más fuerza después de los ataques del 3 de enero de 2026 a Venezuela. Tal posibilidad no toma por sorpresa a quienes hemos seguido las reacciones cautelosas del Caribe no solo ante los recientes sucesos en Caracas –a pesar de ser Venezuela Miembro Observador de la CARICOM– sino desde meses atrás ante los ataques a embarcaciones involucradas en actos de “narcoterrorismo” que hasta enero de 2026 habrían cobrado la vida de, al menos, 128 personas en el Caribe y el Pacífico desde el primer incidente registrado en septiembre de 2025 (Osgood, 2026).

La mayoría de los gobiernos caribeños se ha limitado a lanzar críticas moderadas por el menosprecio hacia el orden internacional exhibido desde la Casa Blanca. Sin embargo, no faltaron los políticos y líderes de opinión que respaldaron la política de mano dura de Trump. Tal disenso público entre los Miembros de la CARICOM, que escaló hasta cuestionamientos sobre la denominación de América Latina y el Caribe como “Zona de Paz” y la relevancia del bloque regional en los momentos actuales, es señal inequívoca no solo del momento geopolítico diferente sino del corrimiento a la derecha de varios gobiernos que se muestran más interesados en cultivar su amistad con Washington que en sostener sus alianzas regionales.

 

Trump predice que Cuba está a punto de caer, ¿qué responde el Caribe?

Tras el ataque a Caracas se ha intensificado la agresividad de Washington hacia Cuba. Los augurios de Trump de la caída inminente de La Habana van de la mano de nuevas medidas encaminadas a estrangular la economía de la isla, siendo la más reciente la orden ejecutiva que entró en vigor el 30 de enero titulada “Addressing Threats To The United States By The Government Of Cuba”. En el documento se declara que las políticas, prácticas y acciones del gobierno cubano constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos. Se acusa a Cuba de desestabilizar la región y colaborar con Rusia, China, Irán y grupos terroristas como Hezbolá y Hamás. La orden indica que se impondrán aranceles a los productos de cualquier país que suministre directa o indirectamente petróleo crudo o productos derivados del petróleo a Cuba.

En el Caribe esta directiva no ha pasado desapercibida. Si bien son varias las voces y movimientos sociales que se han levantado para condenar la política trumpista de cerrar su cerco sobre la isla, no aparecen declaraciones oficiales desde las cancillerías o de otros representantes de gobiernos caribeños en solidaridad con el pueblo cubano. Casi dos semanas después de la publicación de la orden ejecutiva los políticos de la región no solo permanecen en silencio sino que, discretamente, se alinean a los deseos de Washington de terminar la cooperación con Cuba –siempre aclarando que estas disposiciones se toman de manera soberana y no como efecto de las presiones estadounidenses.

En consonancia con esta postura los gobiernos caribeños han optado por esperar a la terminación de los acuerdos pactados con Cuba para luego no continuarlos, tal y como hizo Guyana que justificó la no renovación del programa de colaboración médica al considerarlo no necesario en las condiciones actuales (Trotz, 2026). Otro camino es rechazar las ofertas de becas que Cuba ofrece para estudiar en sus universidades. Tal es el caso de Trinidad y Tobago que argumentó que las difíciles condiciones económicas que sufre la isla no son aptas para sus nacionales a quienes deben apoyar con el envío de alimentos y otros insumos mientras estudian allí (Polo, 2026).

Los políticos caribeños están enfrascados en evitar un enfrentamiento con la Casa Blanca que podría traducirse en represalias comerciales con un alto costo para economías pequeñas cuyo socio comercial principal son los Estados Unidos –desenlace que eventualmente se traduciría en una derrota en las urnas. Otras razones tras la parquedad caribeña obedecen a los estrechos lazos que estos territorios mantienen con Estados Unidos en materia de seguridad en el enfrentamiento a amenazas transnacionales como el tráfico de drogas, armas y la migración irregular, razones esgrimidas para justificar la creciente presencia estadounidense en bases militares y el traslado de activos militares de gran escala al Mar Caribe cuya mera presencia alerta sobre las consecuencias posibles del disenso. Súmese además la existencia de una importante diáspora caribeña en Estados Unidos y de un número significativo de ciudadanos de la CARICOM con visas y residencias estadounidenses quienes podrían verse afectados de endurecerse las políticas migratorias en detrimento de nacionales de países del bloque regional como ya le ha ocurrido a Haití, Antigua y Barbuda, y Dominica (Wilkinson, 2026).

Lo ¿curioso? es que la posición reservada y virtual aquiescencia del Caribe ante el avance avasallador de los Estados Unidos no lo ha salvado de sufrir medidas punitivas provenientes de Washington. Se ha reportado que los gobiernos de Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Guyana, San Cristóbal y Nieves, y Santa Lucía están en conversaciones o han firmado Memorandos de Entendimiento para aceptar a deportados desde los Estados Unidos originarios de terceros países. Por otra parte, Estados Unidos ha suspendido el procesamiento de visas de migrantes a ciudadanos de Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas.

 

Reflexiones finales

La reelección de Donald Trump ha significado el retorno de la política exterior estadounidense al uso del poder duro como método preferido en su intento de recuperar la hegemonía y eliminar disensos. Para Cuba, este cambio resulta altamente desfavorable pues implica el incremento de la hostilidad de Washington, posición que ha sido robustecida tras el ataque a Venezuela. El gobierno estadounidense ha reiterado su compromiso con una agenda de cambio de régimen en la isla y, para la Casa Blanca, la capitulación de La Habana engarza muy bien con sus objetivos más ambiciosos de política exterior asociados a la ampliación de su espacio vital y el debilitamiento de potencias globales rivales.

La Administración Trump ha optado por aplicar a Cuba una política de máxima presión que no solo mantiene el abarcador régimen de sanciones que data del pasado siglo, sino que incluye nuevas amenazas que buscan aislar a la isla y condenarla a la implosión. La postura caribeña ante la escalada -al menos hasta este momento- indica que, si bien desde la región no se aplaude a Washington en su política contra Cuba sí se ha tomado distanciamiento hacia La Habana, lo que constituye un guiño inequívoco a los deseos estadounidenses. Esta actitud contrasta con posiciones anteriores de la CARICOM de apoyo firme a Cuba en coherencia con la historia de relaciones diplomáticas y de cooperación, cimentada por esos lazos culturales que unen a todos los pueblos caribeños nacidos de la colonización más brutal.

La prueba de fuego de las relaciones entre Cuba y los países agrupados en la CARICOM podría darse en las semanas durante la celebración de la novena Cumbre Cuba-CARICOM prevista a efectuarse en La Habana en marzo de 2026. En diciembre de 2025, con motivo de la celebración del Día Cuba-CARICOM en conmemoración del 53 aniversario del establecimiento de vínculos diplomáticos, la CARICOM reconocía la relación amistosa y estrecha que la une a Cuba, la que calificó como ejemplo admirable de la cooperación Sur-Sur. En la declaración emitida para la ocasión, el bloque regional expresaba cómo esta asociación había sido fortalecida a través de reuniones bilaterales periódicas, ocho cumbres y seis reuniones ministeriales. Dicha comunicación añadía que la novena Cumbre brindaría una oportunidad propicia para intercambiar perspectivas sobre una amplia gama de asuntos bilaterales, hemisféricos y globales de interés y preocupación mutuos, así como para explorar áreas de cooperación en ámbitos como el comercio, la educación y la salud pública. Sin embargo, a la altura de los primeros días de febrero de 2026 no han trascendido noticias sobre los preparativos de la reunión y surge la duda de si la misma se suspenderá o, en caso de celebrarse, cuál sería el nivel de representación que cada país enviaría a La Habana.

De decantarse el Caribe por cualquiera de las dos opciones antes señaladas parecería estar moviéndose hacia un enfoque de pragmatismo a ultranza favorable al alineamiento con los Estados Unidos. Asumir tal posición como brújula rectora de su política exterior marca un claro contraste con su postura históricamente sostenida la cual combinaba cierta dosis de realismo con un sistema de valores fundamentado en la defensa de los principios cardinales del orden internacional y del multilateralismo. De avanzar en esta dirección, la región estaría contribuyendo a la política aislacionista que se le quiere imponer a Cuba desde Washington.

Teniendo en cuenta su condición de Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) ubicados en la denominada “tercera frontera” de los Estados Unidos, resultaría de interés para la región caribeña apostar por una propuesta alternativa de agenda de política exterior proactiva y comprometida con el fortalecimiento del multilateralismo, con proyección de largo plazo que supere las ambiciones partidistas de turno en favor de los intereses de los Estados. Esta proposición podría complementarse con la recuperación del regionalismo, la diversificación de alianzas y la consolidación del liderazgo caribeño en asuntos globales donde la región cuenta con reconocimiento, como es el caso de la lucha contra el cambio climático. Desde la fortaleza que confiere la unidad, los países caribeños podrían estar en mejores condiciones de defender un orden internacional basado en normas y sustentado por un multilateralismo vigoroso capaz de respaldar el ejercicio de la soberanía, condición que hoy se ve amenazada bajo los preceptos de la Doctrina Donroe. En este propósito, adquiere especial relevancia fomentar la solidaridad frente a injerencias externas en alianza con actores sociales comprometidos con la defensa de la autodeterminación, la soberanía nacional y la justicia social.

Otro elemento para incluir en la propuesta de agenda común de la política exterior para las naciones caribeñas es avanzar en una estrategia de diversificación de alianzas y reducción de la acentuada dependencia respecto a Estados Unidos. En este esfuerzo, la región podría explorar vías de cooperación con las economías emergentes agrupadas en los BRICS+. Resultaría estratégico enfocarse en socios como Brasil o India, cuya percepción en Washington es relativamente menos conflictiva y con quienes el diálogo puede cimentarse en experiencias históricas compartidas, como los legados coloniales y los flujos migratorios. Paralelamente, podría evaluarse la viabilidad de promover la incorporación de un Estado miembro de la CARICOM a este mecanismo. Guyana, en virtud de su emergente estatus como potencia energética, constituye una candidatura con fundamentos de peso para su consideración.

En espera de identificar los próximos pasos a dar por el Caribe, quedamos atentos a la celebración del Quincuagésimo Período de Sesiones de la Conferencia de Jefes de Gobierno de la CARICOM en San Cristóbal y Nieves entre el 24 y el 27 de febrero de 2026. Ya fue divulgada la asistencia del Secretario Rubio como invitado especial, quien aprovechará la ocasión además para sostener una reunión bilateral con la Primer Ministro de Trinidad y Tobago. Se anunció que Cuba estaría en la agenda de conversaciones de los dos países, lo cual no es buen augurio teniendo en cuenta las duras declaraciones de la Primer Ministro Persad-Bissessar días antes de la reunión cuando criticó a varios ex Primer Ministros caribeños que levantaron su voz para defender a Cuba (Kaieteur News, 2026).

Las discusiones y conclusiones derivadas del encuentro darán pistas claras de por dónde anda la región y qué caminos podría tomar la organización y sus miembros en su relación con Cuba en el contexto del rediseño geopolítico global y el cambio civilizatorio que avanza, imparable, sobre el Caribe y el mundo.

 FIN

Jacqueline Laguardia Martínez es profesora Titular (Senior Lecturer) en el Instituto de Relaciones Internacionales y Vicedecana de Posgrado e Investigación en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de las Indias Occidentales (The UWI), campus St. Augustine. Especialista en Relaciones Internacionales del Caribe, Integración Regional, Relaciones Cuba-CARICOM y Desafíos de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) en el Caribe. Posee un PhD en Economía por la Universidad de La Habana.

 



Referencias bibliográficas
Cubadebate. (2024, mayo 29). Agradece ministro de Salud Pública de Cuba apoyo de alianza GAVI al fortalecimiento del Programa Nacional Ampliado de Inmunización. En http://www.cubadebate.cu/noticias/2024/05/29/agradece-ministro-de-salud-publica-de-cuba-apoyo-de-la-alianza-gavi-al-fortalecimiento-del-programa-nacional-ampliado-de-inmunizacion/   
Kaieteur News (2026, febrero 24). Former CARICOM leaders rebuke Kamla over Cuba ‘economic warfare’ Clash. En https://kaieteurnewsonline.com/2026/02/24/former-caricom-leaders-rebuke-kamla-over-cuba-economic-warfare-clash/
Laguardia Martínez, Jacqueline, Marín Suárez, Claudia y Milagros Martínez Reinosa (2024). “50 años de relaciones Cuba - CARICOM: avances, retos y posibilidades”, Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano, Buenos Aires: CLACSO, Segunda época, N.98, septiembre, ISBN 978-987-813-777-3. En https://www.clacso.org/50-anos-de-relaciones-cuba-caricom-avances-retos-y-posibilidades/
Laguardia Martínez, Jacqueline (2022). “Relaciones Cuba-CARICOM: recuento de medio siglo”, Pensamiento Propio N.26, Año 27, julio-diciembre, pp. 176 – 182, ISSN 1016-962. En https://www.cries.org/wp-content/uploads/2023/06/014-Comentario-Laguardia-Martinez.pdf
Osgood, Brian (2026, febrero 6). US military kills two people in latest attack on vessel in the Pacific. En https://www.aljazeera.com/news/2026/2/6/us-military-kills-two-people-in-latest-attack-on-vessel-in-the-pacific
Polo, Dareece (2026, febrero 4). T&T denies US pressure to end medical study programme with Cuba. En https://www.guardian.co.tt/news/tt-denies-us-pressure-to-end-medical-study-programme-with-cuba-6.2.2507414.c81cf02a4a
Trotz, Alissa (2026, febrero 10). The debt is unpayable (2008) La deuda es impagable. En https://www.stabroeknews.com/2026/02/10/features/in-the-diaspora/the-debt-is-unpayable-2008-la-deuda-es-impagable/print/
Wilkinson, Bert (2026, enero 15). Caribbean governments agree to take U.S. deportees. En https://amsterdamnews.com/news/2026/01/15/cribbean-governments-agree-to-take-us-deportees/

[1] Para los propósitos del análisis por Caribe entenderemos a los 14 Estados independientes Miembros Plenos de la Comunidad del Caribe (CARICOM): Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago. La CARICOM está integrada además por Montserrat en calidad de Miembro Pleno y por seis Miembros Asociados que incluyen Anguila, Bermudas, Curazao, Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, y las Islas Vírgenes Británicas.

[2]  Las Cumbres Cuba-CARICOM han sido celebradas en 2002, 2005, 2008, 2011, 2014, 2017, 2020 y 2022 con alternancia de sedes.

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