Revista trimestral sobre Puerto Rico y Estados Unidos: análisis, opinión, crónicas e investigación


La cercanía como fuente de la filosofía

En diciembre de 2024, mi esposo y yo queríamos desconectar y decidimos realizar
un viaje por la península antártica. No somos amantes de los pingüinos ni de del hielo, pero sentíamos fatiga y una necesidad de hacer un paréntesis de las faenas cotidianas. Uno de los atractivos que este largo viaje en barco ofrecía era el estar incomunicados, que nadie nos escribiera. En el regreso y tras varios días de navegación, nuestro primer puerto fue Port Stanley, en Islas Malvinas. Ahí mi esposo decidió comprar una tarjeta SIM de internet móvil. Las autoridades de estas islas saben que, al estar ubicados en una ruta donde las telecomunicaciones no son las mejores, el servicio de internet resulta un negocio rentable y un bálsamo para aquellos navegantes deseosos de volver a reconectar en cuanto llegan a tierra. En palabras del filósofo surcoreano, Byung-Chul Han, mi esposo sucumbió a la tentación que supone ese aparato “liso” y “pulido” que no ofrece resistencia.

Esta anécdota personal ilustra algunos aspectos clave del libro del Dr. Héctor José
Huyke, Elogio a las cercanías. Crítica a la cultura tecnológica actual, publicado en el
otoño de 2024 por Editorial Emergente y presentado en el Recinto Universitario de
Mayagüez a comienzos de este 2025. Mi esposo y yo no estábamos desconectando; lo que realmente hicimos fue adoptar una lejanía física por la sobreexposición a ambientes sustitutivos —entiéndase esas pequeñas tecnoágoras de la cibernia— y esto, infortunadamente, terminó privándonos de pasar el periodo navideño con nuestros sere queridos. La obsesión realmente no era vacacionar, sino desconectar. ¿Por qué la lejanía? ¿Por qué desconectarnos?

En su lenguaje llano y sin ambages, el profesor jubilado —y especialista en Filosofía de la tecnología— logra llevarnos por los pasillos del recinto mayagüezano, a su café favorito, a sus lugares comunes; es decir, a un espacio muy-muy cercano para decirnos algo global, pero propio y muy de aquí. Me atrevo a decir que los «paréntesis »,las notas no tan sueltas de su libro —que bien podrían leerse solas porque el grado de reflexión que presentan han supuesto volver a tenerle como profesor— son también pasillo de encuentro. En sus anécdotas personales, me encontré a la profesora de filosofía de la UNAM que, en un congreso reciente, me relataba que su barrio natal en Ciudad de México se había convertido en un lugar donde solo los de un robusto capital económico podían estar tranquilos y fortalecer sus cercanías gracias a complejos de seguridad, me
encontré a mis estudiantes, a mi esposo, a mis amistades, a todos los que hemos
coincidido en este mundo acaparado por lo digital.

Podríamos destacar varios elementos de la propuesta de carácter feminista del retorno a las cercanías —del regreso a los vínculos— que nos presenta el también autor de Anti-profesor (2001). Entre estos, cabe señalar la crítica a la modernidad y sus discursos en torno al progreso, observaciones en torno al darwinismo lingüístico,reflexiones de carácter ecológico, duras valoraciones sobre los parches éticos de la Filosofía de la tecnología y sagaces reflexiones sobre las tecnologías mismas tan humanas —tan de siempre— porque es impensable pensar la vida sin ellas. Sin embargo, queremos centrarnos en los siguientes puntos:
La propuesta de Huyke tiene tintes estéticos en el sentido originario del término al reconocer ese aspecto corpóreo, sensible, tan de piel a piel, tan de mirada a mirada, tan de estar aquí y simplemente sentir, experimentar en el momento y no en la sustitución; Avilés-Ortiz porque esa es la meta y norte. Las cercanías y el diálogo nos permiten imaginar y crear (en sentido originario de poiesis) ese mundo en el que aspiramos vivir. Por esto mismo, también constituye una propuesta de carácter político y está muy vinculada al ejercicio mismo de la democracia.

La cercanía, como la presenta el Dr. Huyke, es el fundamento para cualquier tipo de cambio político radical en donde las tecnologías existentes puedan ser rediseñadas y las emergentes dirigidas hacia otra dirección en función del buen vivir humano y no de los dictámenes de los barones del silicio. Desde el 20 de enero, las redes digitales son un hervidero de polarización en el que se retroalimentan discursos totalizadores y fascistoides a falta de etiquetas que describan con más precisión el estado en el que nos encontramos (pues, por supuesto, 2025 no es 1940).

No obstante, Elogio a las cercanías… llega en un momento crucial para describir en tiempo real ese mundo del «postureo», de la microvigilancia, de la ansiedad y de la peligrosísima posverdad. Precisamente, el pasado 2023, el economista y ministro griego, Yanis Varoufakis, describió nuestro contexto socioeconómico y político como un «tecnofeudalismo» en donde todos somos vasallos de la Big Tech. Debemos recordar que el sistema feudal consistía en un pacto bilateral de explotación, sí; pero ambas partes tenían obligaciones. Por esta razón, nos parece más puntero y adecuado al contexto actual el término que Huyke acuña. Según este, vivimos en el mundo de la «totalcolonialidad». Ese mundo donde las tecnologías digitales acaparan todos los aspectos de la vida en un único presente lleno de simultaneidades, donde colonizan nuestros espacios e intimidades para explotarnos, sacar beneficio, hacernos ajenos de nuestra agencia y voluntad. Es una evolución de esas formas de colonialidad nacidas en 1492.

No creemos que sea totalmente baladí la selección de términos que emplea nuestro profesor. En la década del 1920, Giovanni Mendola —antes que Gentile— por primera vez emplea el término «totalitarismo» para definirlo como “todo dentro del estado.” Es decir, según esta definición, se establece una relación de identidad de cada rasgo humano con el estado. Hannah Arendt desarrolla el término en el capítulo XII de Los orígenes del totalitarismo cuando se refiere a este como una nueva forma de estado que emplea el terror para anular la expresión y el pensamiento mismo mediante un proceso de suplantación de la realidad que se irradia hacia el mundo no-totalitario. Todo ese terror se proyecta hacia fuera mediante la propaganda. En este mundo, son las tecnologías digitales las que están sirviendo de instrumentalidades del poder —como la propaganda— para el colonizar nuestras vidas, nuestro todo, porque la meta es ser el todo. Es una forma sutil, pero descarada de violencia. Así pues, el término acuñado por el filósofo colegial problematiza el que las tecnologías se generen y empleen en función del capital y de los poderosos que, aquí sabemos, tienen nombre de hombre. La «totalcolonialidad» explica el que no exista balance, el que las tecnologías nos esclavicen y no seamos nosotros los que tengamos control, y propósito, sobre ellas.

Los más recientes acontecimientos en la UPR nos han hecho tener muy presente el libro de Huyke. Si bien la crisis de la universidad, de todas las universidades, viene fraguándose desde hace algún tiempo, la pandemia fue un golpe a la educación universitaria del que no nos hemos repuesto. El sustituir de manera prolongada el aula de sillas y pupitres por el aula de botones y pantallas, el que los profesores —en los pasados tres a cuatro años— decidiéramos reunirnos virtualmente para discutir los temas más importantes de nuestra universidad ha redundado en la pérdida de credibilidad y confianza de nuestros interlocutores más importantes: nuestros estudiantes y, así, de la sociedad.

El ambiente sustitutivo del aula virtual jamás reproducirá un aula repleta de estudiantes incomodándose entre sí con comentarios y preguntas, dialogando, mirándose a las caras, lo cual es la base para toda democracia. Solo el diálogo cercano permite construirnos, pensarnos. Administraciones, líderes, maestros, gobernantes que no sean capaces de generar esos espacios propios para el debate en cercanía no nos quieren bien.

Hace unos días, en un debate en clase, me sorprendí al ver cómo los estudiantes recordaban con detalle lo que habían dicho en días pasados sus otros compañeros, se citaban entre sí. Uno de ellos, me hizo saber que la discusión —que nada tenía que ver con esto, pero sí con la brevedad de la vida— le hizo desactivar sus redes digitales. Esos estudiantes, quien lee estas líneas y quien las escribe vivimos en un mundo donde las redes son algo totalmente cotidiano. Cuando en clase mis estudiantes manifestaron que necesitaban espacios para hablar de esa realidad que les afecta día a día porque sienten que no tienen dónde ni cómo hacerlo, sonreí y recordé a mi profesor. Huyke se había salido con las suyas, ¡tenía razón! Sin cercanías tampoco es posible la filosofía.

Referencias

  • ARENDT, H. (1998 [1951]). Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Taurus.
  • HAN. B.C. (2015). La salvación de lo bello. Herder Editorial
  • HUYKE, H. J. (2024). Elogio a las cercanías. Crítica a la cultura tecnológica actual.
  • Cabo Rojo: Editorial Emergente.
  • VAROUFAKIS, Y. (2024). Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo.

Autor

  • Iliaris Avilés-Ortiz es Catedrática Auxiliar en el Departamento de Humanidades del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, donde enseña los cursos de Historia de la Filosofía, Estética y Ética Global. También ha dictado cursos en el Departamento de Estudios Hispánicos y en el Programa Graduado en Estudios Culturales y Humanísticos de la misma institución. Ha participado como conferenciante en diversos congresos internacionales y cuenta con artículos publicados en revistas arbitradas en México, España, Estados Unidos y Puerto Rico. Actualmente, participa del proyecto STEM to STEAM: Developing a Shared Intellectual Experience through Humanities-Engaged General Education in Puerto Rico apoyado por la Teagle Foundation, así como del equipo investigador del Instituto Nuevos Horizontes subvencionado por la Mellon Foundation.

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